El vecino que programó el termo
María, viviendo con dos hijos, movió el calentamiento de agua al valle nocturno usando un simple temporizador. No cambió de caldera ni reformó nada, solo midió su patrón y ajustó. En tres ciclos de facturación, su gasto energético cayó notablemente, incluso cuando el mercado subió, porque el promedio horario suavizó el impacto. Su siguiente paso fue aislar el depósito, logrando una reducción estable sin perder confort matutino.